Fiscales con prontuario

Fiscales con prontuario

PAGINA SIETE.- En Bolivia, cuando uno cree que ha tocado fondo, se abre una compuerta debajo que cae verticalmente a un nuevo nivel de ignominia para el país y de desazón para sus habitantes. Uno no sabe si sorprenderse o engrosar el cuero frente a semejantes arbitrariedades.

No olviden los bolivianos estos nombres: Omar Mejillones, Lupe Zabala, Rudy Terrazas y Harold Jarandilla. Esa es la “comisión de fiscales” que ha llevado a la cárcel –sin pruebas– a la expresidenta constitucional Jeanine Añez, a varios de sus ministros y a otros ciudadanos acusados de “golpe de Estado”, “terrorismo” y otras sandeces. Debería llamarse “coimisión”, por la trayectoria de corrupción. Por sus antecedentes, todos deberían ser recusados.

Gracias a su prontuario han sido escogidos para atacar como mastines las leyes y los procedimientos judiciales que deberían aplicar. Basta revisar internet para encontrar el historial de estos fiscales indignos, cuyos nombres la población debe conocer para que no se escondan a la sombra de quienes tiran la piedra, pero no dan la cara. 

La podredumbre en el sistema de justicia de Bolivia empezó con la maniobra que impuso el MAS en 2017 con las Elecciones Judiciales. Todos los candidatos fueron aprobados por la mayoría masista en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) de modo que no quedaba duda sobre sus simpatías políticas. Ante esa situación, la consigna de votar nulo o blanco fue una muestra de repudio de la población boliviana hacia la autocracia de Evo Morales: más del 75% de la población prefirió votar nulo y blanco antes que ceder a la trampa de elegir a magistrados afines al MAS, electos por una minoría de votos ciudadanos, por lo que carecen de legitimidad. 

La corrupción judicial se explica por el grado de descomposición del régimen autocrático de Evo Morales, donde la única justicia buena es la que puede controlar y manipular. Esto es fácil cuando se cuenta con jueces y fiscales que no esperan sino la oportunidad de corromperse. 

Mientras los fiscales y una jueza decidían encarcelar sin proceso a las exautoridades nacionales y perseguir a otros ciudadanos que no aceptaron el fraude electoral de Evo Morales en 2019, el presidente Arce Catacora desapareció completamente durante una semana, al extremo que algunos memes exhibían su foto con este letrero: “Se busca. Fue visto por última vez haciendo campaña con las vacunas”. 

En efecto, con el primer lote de 20 mil vacunas rusas llegadas a Bolivia, Arce emprendió una gira por todo el territorio nacional, tomándose fotos mientras miraba con aire interesado cómo el personal de salud ponía y recibía esa pequeña muestra de vacunas que no alcanzó ni para el 3% de los médicos y enfermeras de primera línea. Las redes de propaganda gubernamental publicaban esas fotos con titulares sensacionalistas: “Comenzó la vacunación masiva”, cuando en la realidad una simple operación aritmética podía comprobar que no existía tal masividad, y que la propaganda se destinaba a obtener votos en las  sub-nacionales. 

Inmediatamente después del domingo 7 de marzo, cuando cerraron las urnas y empezó el conteo de votos mostrando la derrota del MAS, Arce desapareció de todos los radares, y cuando volvió, después de desatada la represión que anunció desde el Chapare Juan Ramón Quintana (el exmilitar y operador político de Evo Morales), el presidente no hizo comentarios de ninguna clase. La verdad es que, ya que no gobierna, no tendría mucho que decir.